Puente de Nonoalco: El primer paso elevado de la CDMX que cumple 86 años
- Iván Cruz
- hace 18 minutos
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El Puente de Nonoalco cumplirá 86 años de funcionamiento el próximo 28 de noviembre. Se trata del primer paso vehicular elevado de la Ciudad de México que, en su momento, fue inaugurado como un símbolo de la visión de modernidad que se tenía para el país en 1940
El 28 de noviembre de 1940, el periódico El Nacional dedicó un reportaje completo a cubrir el evento de inauguración, pero el verdadero protagonista no era la ingeniería mexicana, sino un invitado extranjero.
El gobierno decidió retrasar la apertura de la vialidad, que ya estaba terminada días antes, para coincidir exactamente con la llegada de Henry A. Wallace, vicepresidente de Estados Unidos, quien visitaba el país en representación de Franklin D. Roosevelt para asistir a la toma de protesta del presidente Manuel Ávila Camacho.
El funcionario estadounidense había notificado que llegaría a la Ciudad de México en automóvil y no en tren, entrando por la zona que hoy conocemos como Indios Verdes.
Así, a las 6:20 de la tarde de ese 28 de noviembre, el vehículo de Wallace fue el primero en cruzar el flamante Puente de Nonoalco, mientras una comitiva diplomática y decenas de vecinos de las colonias aledañas aplaudían desde las banquetas.

Las razones detrás del Puente de Nonoalco
En la década de los 30, cuando se planeó y construyó esta estructura, la zona de Nonoalco Tlatelolco era un barrio marcado por una profunda pobreza. La gente vivía al costado de las vías del tren en casas de cartón, lámina o incluso dentro de vagones abandonados.
Quienes corrían con mejor suerte habitaban en pequeñas casas o en edificios coloniales adaptados como vecindades, la mayoría de ellas sin servicios básicos como electricidad o drenaje y expuestos a la delincuencia.
Sin embargo, San Miguel Nonoalco representaba la gran oportunidad geográfica para expandir el Centro Histórico, donde ya no había espacio, las inundaciones eran constantes y las condiciones sanitarias eran críticas.
Con la llegada del ferrocarril a la capital y la consolidación de la Estación de Buenavista, la zona de Nonoalco comenzó a despertar el interés de inversionistas. Los habitantes desplazados del Centro empezaron a poblar los enormes patios y llanos del rumbo.
Mucho antes de que la construcción del Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco en 1960, el potencial de la zona ya estaba en la mira de las autoridades para dirigir ahí la expansión de la mancha urbana.
Fue entonces cuando, en el trazo de nuevas vialidades para conectar la zona, se proyectó que el Puente de Nonoalco funcionara como una continuación hacia el norte de la Avenida de los Insurgentes, permitiendo que el tránsito vehicular fluyera sin interrupciones por el paso constante del tren y logrando un mejor aprovechamiento del espacio urbano.
Un dato curioso es precisamente que en Nonoalco Tlatelolco también se construyó el primer paso a desnivel de toda la Ciudad de México, ubicado al frente de la zona arqueológica de la actual Plaza de las Tres Culturas.
Un hito de la cultura y el cine mexicano
A pesar de su espectacular inauguración, el puente no detonó de inmediato el desarrollo inmobiliario de la zona; ese sueño modernista tardaría hasta la década de los 60 con la construcción de los multifamiliares.
Sin embargo, en los años previos, la imponente estructura de concreto se convirtió en un espacio que cautivó a creadores, fotógrafos, cineastas y escritores.
Artistas de diferentes épocas como Tomás Montero, Nacho López, Juan Rulfo, Gabriel Figueroa y Juan Guzmán retrataron en sus imágenes el contraste entre la promesa de la modernidad y la miseria que sobrevivía debajo de los pilares del puente.

La literatura y la nota roja también encontraron ahí su escenario. Al ser una estructura oscura y elevada, el Puente de Nonoalco fue locación de diversos crímenes, pues los delincuentes solían arrojar cadáveres desde lo alto para escapar a toda velocidad por las vías, inspirando páginas de autores como Carlos Fuentes y Elena Poniatowska.
El cine mexicano no se quedó atrás. Los directores de la denominada Época de Oro trasladaron sus historias más desgarradoras a este rincón ferroviario. Entre las escenas más emblemáticas de nuestra cinematografía destaca la de Pedro Infante arrojándose al vacío en la película Un rincón cerca del cielo, o las tomas nocturnas de Marga López cruzando a toda prisa en la cinta Del brazo y por la calle.
Nota para los lectores: Este artículo es una versión actualizada y revisada de un reportaje publicado originalmente en la primera etapa de Datanoticias (2021). La versión histórica del texto se encuentra preservada en el archivo digital de la Wayback Machine.
