¿Por qué el Mundial de 2038 será un dolor de cabeza geopolítico para la FIFA?
- Iván Cruz
- hace 2 días
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La FIFA tiene un grave problema por delante: elegir dónde será la copa mundial de fútbol de 2038. En su afán por complacer a diferentes gobiernos, hizo un caos con la asignación de las sedes para las ediciones de 2030 y 2034 que, sin una solución pronta, le puede generar un enorme dolor de cabeza geopolítico.
Para entender esto hay que empezar por la forma en la que se organiza el fútbol mundial. El planeta se divide en seis confederaciones: CONMEBOL (América del Sur), CONCACAF (América del Norte, Centroamérica y el Caribe), UEFA (Europa), CAF (África), OFC (Oceanía) y AFC (Asia). La FIFA es el órgano regulador al que todas ellas responden y la máxima autoridad en este deporte.
Entre las tareas de la FIFA está la organización de la copa del mundo, y en sus estatutos existe una regla que no permite que el torneo se realice en una misma confederación en un lapso de ocho años. Aunque esa norma se ha ido flexibilizando con el tiempo, aún tiene mucho peso a la hora de tomar decisiones.
Ahora, en un repaso de las sedes de los torneos más recientes, incluyendo el que se juega actualmente en México, Estados Unidos y Canadá, y los ya pactados hacia el futuro, el mapa de confederaciones queda de la siguiente manera:
2018: Rusia (UEFA).
2022: Qatar (AFC).
2026: México, Estados Unidos y Canadá (CONCACAF).
2030: España, Portugal, Marruecos, Uruguay, Argentina y Paraguay (UEFA, CAF y CONMEBOL).
2034: Arabia Saudita (AFC).
Como se observa en la lista, el "megamundial" de 2030 es el verdadero nudo del problema.

Megamundial de 2030: el origen del problema
Si hacer compartir la sede entre dos confederaciones (UEFA y CAF) ya era algo inaudito, al incluir también a los países de CONMEBOL la FIFA le cerró las puertas a América del Sur y África para organizar un torneo en su territorio por las siguientes dos ediciones, quedando inhabilitadas formalmente hasta 2042, considerando que la AFC ya tiene asegurado el de 2034.
En ese sentido, sobre el papel solamente quedaría la OFC (Oceanía) disponible para levantar la mano en 2038.
De hecho, en la región ya se ha tanteado el terreno: Nueva Zelanda ha estudiado la posibilidad de postularse como sede para ese año, pero no cuenta por sí mismo con la infraestructura necesaria para albergar un torneo de 48 equipos.
La solución más lógica habría sido aliarse con su vecino natural, Australia, para compartir la carga de la copa del mundo. Sin embargo, ahí se toparon con un muro reglamentario: desde 2006, Australia abandonó su confederación de origen y se integró oficialmente a la AFC (Asia) para elevar su nivel competitivo.
Por lo tanto, Australia es considerada por la FIFA como territorio asiático en lo futbolístico, por lo que una candidatura con ellos activaría el veto por el Mundial de Arabia Saudita 2034, algo que la FIFA no puede permitirse ya a estas alturas.

El laberinto de 2038: Las tres salidas de la FIFA
La FIFA tiene tres posibles escenarios para solucionar el problema del mundial de 2038, pero ninguno estará libre de quejas y reclamos por parte de las confederaciones.
Gianni Infantino, presidente del organismo, termina su periodo en 2027, pero tiene la opción de postularse para ampliar su mando hasta 2031. Por ello, es muy probable que él mismo, que provocó todo este caos, sea el encargado de resolverlo por alguna de las siguientes vías:
1. El salvavidas de CONCACAF
Para 2038, la CONCACAF ya estará libre del veto reglamentario tras el torneo actual. Sin embargo, en la región solo Estados Unidos y México tienen el historial y la capacidad para levantar la mano.
Aunque Canadá es un país económicamente próspero, el fútbol no tiene la popularidad suficiente para justificar una inversión multimillonaria en solitario. La prueba es este Mundial, donde el gobierno canadiense se limitó a cumplir con los requisitos mínimos para albergar los partidos que le correspondían, sin pelear por una mayor participación en el calendario.
El caso de México es distinto. Aunque cuenta con recintos modernos de estándar internacional, como el Azteca, el Akron, el BBVA o el Nemesio Diez, la gran mayoría de la infraestructura en el país no cumple con las estrictas directrices actuales de la FIFA, o son estadios viejos que requieren remodelaciones profundas.
Para modernizarlos a gran escala se necesitaría una inyección económica que las finanzas públicas y los clubes locales no pueden solventar de cara a un torneo de 48 selecciones.
En ese sentido, el único salvavidas real de la zona es Estados Unidos. Cuenta con decenas de estadios de primer nivel listos para usarse hoy mismo, y lleva décadas invirtiendo miles de millones de dólares en potenciar su liga local y el negocio del fútbol.
Una candidatura en solitario de los estadounidenses en 2038 es, por ahora, la vía más viable para que el torneo regrese al continente americano sin que la FIFA arriesgue un solo dólar.
2. La "trampa" para librar a CONMEBOL antes de tiempo
La segunda opción de la FIFA es aplicar un clásico carpetazo político y reescribir sus propias reglas. Para no congelar el mercado sudamericano hasta 2042, el Consejo Ejecutivo de Gianni Infantino podría argumentar que los partidos jugados en Uruguay, Argentina y Paraguay en el Mundial de 2030 fueron únicamente un "evento conmemorativo por el centenario" del torneo, y no una organización oficial como tal.
Con esta maroma legal, la FIFA limpiaría de golpe el veto sobre la CONMEBOL, permitiendo que Sudamérica se postule formalmente para 2038.
Esta vía serviría para calmar las aguas y evitar acusaciones de favoritismo hacia otros mercados, abriendo la puerta a proyectos que se quedaron con las ganas de competir, como una candidatura andina o el regreso del torneo en solitario a Uruguay o Argentina.
3. El mundial más loco de la historia: Partidos en ambos lados del Pacífico
El tercer escenario es el más complejo en lo logístico, pero el más atractivo para los intereses comerciales de la FIFA: obligar a una alianza transoceánica entre la OFC y la CONCACAF.
De acuerdo con un artículo de The Athletic, ya se ha sondeado la idea de armar una candidatura conjunta donde Nueva Zelanda y Estados Unidos compartan la sede del Mundial 2038.
Aunque geográficamente parece una locura por las distancias y los cambios de horario para los equipos y las televisoras, la FIFA ya demostró con el megamundial de 2030 que la lógica deportiva pasa a segundo término cuando se trata de cuadrar el negocio.
La unión de la CONCACAF y la OFC resolvería de un plumazo la falta de estadios en Oceanía y permitiría a Estados Unidos colarse de nuevo entre los posibles anfitriones de una copa del mundo, alcanzando a México en el club exclusivo de los países que han albergado el torneo en tres ocasiones.
